#077 El regreso del Yaguareté

Iberá, el arca de la vida del siglo XXI

En una experiencia sin par a nivel mundial, CLT Argentina lleva adelante el proyecto que busca restaurar especies extintas como el yaguareté, el oso hormiguero, el pecarí de collar, el tapir, el lobo gargantilla y el guacamayo, entre otras. Los Esteros del Iberá, Corrientes, es el escenario de estos trabajos científicos que en el caso del oso hormiguero ya va por su décimo año.

Como resultado de estos esfuerzos, en la actualidad ya hay dos poblaciones de osos hormigueros y de venado de las pampas claramente establecidas, junto a núcleos iniciales de tapires, pecaríes y guacamayos rojos. Mientras tanto, avanza el mayor de los objetivos que es restablecer la presencia salvaje del felino más emblemático del continente, del cual solo quedan unos 200 ejemplares en toda la Argentina: el yaguareté.

La isla de San Alonso, en pleno humedal, con sus once mil hectáreas, pasó de ser un campo ganadero a ser un área dedicada exclusivamente a la producción de naturaleza, conteniendo las instalaciones del Centro Experimental de Crías del Yaguareté (CECY), como parte de la iniciativa de restauración de fauna más ambiciosa del continente americano.

Allí se levantaron los corrales de cría, una sorprendente construcción en la que se usaron 300 toneladas de tubos de hierro, más de 100 kilos de alambre y 1.000 postes. Los materiales, donados en un 70% por empresas argentinas fueron cruzados en balsas a la isla en un operativo que llevó varias semanas y que se completó con bueyes que llevaron las toneladas de hierro por un campo gredoso.

El perímetro de cuatro kilómetros en cuatro octágonos albergó inicialmente a una pareja de yaguaretés, tras más de 50 de ausencia de esta especie en la provincia.

La hembra Tobuna que se encontraban en cautiverio, atraviesa una fase de “asilvestramiento”, esto es, un progresivo reaprendizaje de la vida en libertad. Un año más tarde se unió el macho Nahuel. Más reciente es la llegada de Chiqui, otro ejemplar macho, procedente de Paraguay, el cual rompía las fronteras administrativas para unir a Argentina con un país vecino en el interés común de proteger a esta especie.

El equipo de biólogos que conviven con los felinos, esperan, que los animales produzcan crías con la idea de que los cachorros no dependan en absoluto de  los seres humanos y cacen la diversa fauna del lugar: carpinchos, aguara-guazú, venados, pecaríes y tapires, entre otros. El proyecto fue inspirado por el filántropo estadounidense Douglas Tompkins, millonario y ecologista pertinaz que destinó su fortuna y su vida al servicio de la restauración de especies y ambientes. El hombre no se limitaba a comprar y devolverle la salud, ecológicamente hablando, a grandes territorios para después donarlos a los Estados nacionales sino que desafiaba a su equipo a “soñar en grande”.

Tompkins creía que en el mundo, más allá de los paisajes es necesario recuperar los procesos ecológicos, trabajar para que los ecosistemas funcionen. No limitarse a crear áreas protegidas sino que sean parques nacionales, trabajar con la comunidad, crear destinos turísticos, restaurar. La restauración es una visión que en Latinoamérica no existe, porque hay tanto territorio y tantos ecosistemas por conservar que no se plantea recuperar las especies que se extinguieron. Su legado en Sudamérica es la visión de restaurar y que los parques nacionales sirvan como motor de economías locales.

De entre las especies extintas, el vistoso guacamayo rojo cuenta con un proyecto en marcha en Cambyretá, en el norte de los esteros, porque es considerado clave para el funcionamiento de los árboles nativos: dispersa sus frutos y semillas. Además, su espectacular presencia es un atractivo turístico sin par que recupera un valor cultural para los pobladores e implica el retorno de la especie a la Argentina.

En la visión de los ecologistas, la restauración ambiental de los esteros en la que trabajan desde hace 10 años y donde la fauna silvestre estalla, tiene un solo destino: donar en etapas un total de 150 mil hectáreas para el futuro Parque Nacional Iberá de 700,000 hectáreas, proceso que ya es ley nacional.